Las primeras noticias llegaron pocos días después y ninguna decía lo mismo que la anterior.
Juliette leyó tres versiones antes de levantarse de la mesa de la cocina. Una hablaba de episodios de apatía colectiva. Otra aseguraba que se trataba de una combinación de pánico, desinformación y vídeos sacados de contexto. La tercera reunía testimonios de personas que recordaban a sus parejas, a sus hijos y a sus amigos, pero describían esos vínculos como si pertenecieran a una vida que ya no sentían propia.
El teléfono volvió a vibrar. Hugo le había enviado otro enlace desde el salón.
"Estoy a cuatro metros", dijo Juliette.
"Este tiene fuentes."
"El anterior también tenía fuentes. Se contradecían entre ellas."
Hugo apareció en la puerta con el ordenador bajo el brazo. Llevaba toda la mañana abriendo artículos, buscando los estudios que citaban y descartando páginas que repetían la misma información sin aportar un origen. Se sentó frente a ella y giró la pantalla.
"Mira esto."
Era un fragmento de una entrevista. Una mujer describía su boda con precisión. Recordaba la música, el lugar y la frase que su marido había pronunciado antes de entrar. Sabía por qué se había enamorado de él. Cuando el periodista le preguntaba si seguía queriéndolo, la mujer tardaba unos segundos en contestar.
"Sé que lo quería", decía. "No sé dónde está eso ahora."
Juliette volvió a reproducir el fragmento. La mujer no parecía confusa. Cuando se quedaba sin palabras, fruncía el ceño, incómoda consigo misma.
"Puede ser falso", dijo Hugo.
"Puede."
"O una edición."
"Sí."
"No te lo crees."
Juliette cerró el vídeo.
"No he dicho eso."
"Ya."
Hugo se levantó, dio dos pasos y regresó a la silla. Juliette conocía aquel movimiento. Estuvo a punto de pedirle que se sentara, aunque sabía que no serviría de nada.
Durante las semanas siguientes, cada noticia envejecía en cuestión de horas. Las declaraciones oficiales pedían calma; los hospitales negaban una emergencia; algunas familias describían separaciones tranquilas y padres que seguían cumpliendo todas sus obligaciones, pero ya no buscaban la proximidad de sus hijos. A cada testimonio le seguían un desmentido, una explicación alternativa y una acusación de fraude.
Al cabo de la primera semana, los informativos empezaron a hablar de algo más que parejas y familias.
"¿Has visto lo de los altos el fuego?", preguntó Hugo una noche.
Juliette los había visto. Varios conflictos armados, algunos en África, se habían detenido casi al mismo tiempo. Los corresponsales ofrecían explicaciones incompatibles: agotamiento, negociaciones secretas, propaganda o una calma que nadie sabía justificar.
"Conflictos que llevaban años y, de repente, nada", dijo Hugo.
"Algunos conflictos", corrigió ella. "No todas las guerras. Y todavía no sabemos si tiene relación."
Casi un mes después de las primeras noticias, aparecieron los primeros informes procedentes de Estados Unidos. Francia aún no figuraba entre los países afectados. España tampoco. Aun así, la amenaza había dejado de parecerles lejana.
Juliette intentó leerlo todo como habría leído cualquier alerta profesional: quién publicaba, qué fuentes se repetían, qué afirmaciones nadie podía sostener. No encontró una explicación que encajara con todos los casos. Pero los relatos, incluso los que se contradecían, coincidían en algo. La gente recordaba.
Una noche dejó el teléfono sobre la mesilla y apagó la pantalla.
"No están olvidando", dijo.
Hugo estaba tumbado junto a ella, con los ojos abiertos en la oscuridad.
"No."
"Recuerdan lo que vivieron."
"Eso parece."
Juliette se giró hacia él. Apenas distinguía su rostro.
"Entonces podrían recordar que aman a alguien y no sentirlo."
Hugo tardó en responder.
"Sí."
Durante unos segundos solo se oyó el tráfico amortiguado tras la ventana.
Juliette volvió a pensar en la mujer de la entrevista. Miró la habitación a oscuras y la imaginó convertida en un lugar cualquiera. La comida de Barcelona, los pies sobre las piernas de Hugo, aquel baile absurdo. Todo seguiría en su memoria.
"¿Eso sería el final de nuestro matrimonio?", preguntó.
Hugo se incorporó.
"No lo sé."
